Frío gato

“Y ella dijo: A veces, cuando me duermo sobre el corazón, siento que el cuerpo se me vuelve hueco y la piel como una lámina…” Ojos de perro azul. Gabriel García Márquez.
Quién hubiera creído que de todos los telones posibles, la guadaña del azar rasgaría aquel donde se ocultaba tu cuerpo discreto sentado en el segundo peldaño de la escalera del tiempo; y que tendrías manos, pies, anhelos y ojos de vida, inmóviles en la espera espiando con desazón el paraje de tus días. Quién hubiera creído que aquel escalón enmohecido sería tu morada durante siglos y que el aire con tacto glacial te arroparía toda.

Quién hubiera creído que el frío tomaría cuerpo, que amasaría su recuerdo molecular de cumbres perdidas y llegaría colgado de la luz del atardecer; para denso y felino frotarse en tus pantorrillas hasta inocularte su hálito de dudas, su ronroneo de hielo justo allí donde pesan las realidades, a medio centímetro de los huesos.

Quién hubiera creído que horas mas tarde cuando te dormías sobre el corazón, la sangre que golpeaba desde dentro tu cuerpo de metal laminado sonaría distinta, ya no como alguien llamando con los nudillos en tu vientre, sino como un ruido extraño en la alta noche, un posible intruso en la alcoba de tu certidumbre.

14 de enero de 2005.

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