Arlene dio vida con su muerte

El sábado 15 de marzo fue la última vez que Arlene vio el mar. “Todo lo que fuera agua le encantaba: la lluvia, la playa, una piscina, el río. Lo que sea”, recuerda su madre Angélica Vélez Ruiz.

Arlene y su familia habían llegado ese fin de semana desde La Concordia donde viven desde hace más de una década. Aprovecharon el paseo y visitaron a la familia en la parroquia Alajuela y en Los Arenales de Crucita, donde “La Flaca” -como le decían- disfrutó del mar a manos llenas.

Tenía trece años, era alegre, alta, delgada, de piel morena,  y con un largo cabello lacio. Tocaba la lira en su colegio, era buena alumna y ese sábado en la noche -a menos de 24 horas de su desgracia- jugó a ser una modelo mientras veía con una tía la elección de Miss Ecuador.

Al siguiente día, Arlene estaba con su padre Ever Cevallos Tuárez en casa de su abuelo en la vía Alajuela-Chirijos. Desde allí iban a salir -luego de encontrarse con la madre en la vía- hasta Portoviejo y después a Santo Domingo.

Había caído la tarde y mientras esperaban a un costado de la carretera asfaltada, una camioneta se paró y se ofreció para llevarlos. Subieron, se sentaron en el balde pero la tragedia los tocó.

En un impulso confuso Arlene se puso de pie de un salto, el vehículo aceleró y el padre se abalanzó para sostenerla. Una cinética fatal los derribó sobre el pavimento. “Caímos abrazados”, recuerda Ever.

Era de noche cuando llegaron al hospital del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) de Portoviejo. Arlene no sangraba pero era evidente que algo andaba mal con su cabeza.

“Nos dijeron que tenía una lesión leve”, rememora la madre respecto los resultados de la primera tomografía.

Arlene fue apagándose de a poco. Al principio hablaba y hasta se quejaba. Pero para el martes -tres tomografías después- su cuadro era crítico: convulsionaba y salía espuma de su boca.

“Papito, llévenme a otro hospital. Quiero vivir”, fueron sus últimas palabras recuerda Ever. Así lo hicieron.

Aunque le diagnosticaron muerte cerebral, fueron a Guayaquil donde el miércoles se libró sin éxito la última batalla en un quirófano del hospital Luis Vernaza. Para entonces ya se había hablado de la posible donación de sus órganos.

Ante lo irremediable, estos padres asumieron el peso de su destino. “Ella dará vida a quienes no tienen”, dijo la madre. El jueves, cuenta Ever, se realizó una intervención donde con más de diez especialistas sacaron uno a uno todos los órganos utilizables de Arlene.

Extrajeron -narra- corazón, hígado, riñones, páncreas, córneas, médula ósea, todo, “Nos enteramos que dos riñones, hígado y córneas están salvando vidas”, cuenta el padre.

El viernes finalmente retiraron el cuerpo de Arlene, regresaron a Portoviejo y el sábado lo sepultaron en Alajuela.

En plena misa de cuerpo presente, el techo de zinc de la sencilla capilla del sitio El Achiote, en la vía a Chirijos, rompió en un ruido ensordecedor. Cayó un aguacero diluvial que nadie esperaba. “A ella le encantaba el agua”, recordó su madre en ese instante.

El Diario, 26 de marzo de 2014.

 

Crónica Arlene por Andrés Alcívar
Publicación de El Diario del 26 de marzo de 2014.

 

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