En vela por pequeñas tortugas gigantes

Magaly Intriago mueve sus brazos como dos alas que se agitan en el aire. “Así hacía, así”, y repite el movimiento.

Recuerda que esa mañana del 1 de febrero se levantó a preparar el desayuno y vio que en la playa, a un costado de la casa, un animal enorme y de color negro cavaba con sus aletas. “Es una tortuga laúd”, confirmó su hija que había aprendido sobre ellas en la escuela. La vieron cómo durante una hora hizo un hoyo en la arena para ocultar sus huevos antes de regresar su pesado cuerpo al mar. Magaly, que sus 30 años los ha vivido en la comuna pesquera de Puerto Cabuyal  del cantón San Vicente, había visto muchas tortugas marinas pero ninguna con ese nombre ni tan grande. Tampoco sospechó que ese nido  se convertiría en un asunto de interés nacional y  un potencial hito en la conservación de esta especie.

Magaly dio la noticia al profesor de la escuela local, quien había coordinado las capacitaciones sobre tortugas con el Ministerio del Ambiente (MAE), pero él sólo pudo llegar un día después. Encontró un rastro tan grande como las huellas de un tractor: 1,65 metros entre cada aleta. Supo que era importante.
Cuando acudieron los técnicos del MAE las señas se habían perdido. Funcionarios y miembros de la comunidad buscaron durante varios días hasta que el 16 de febrero dieron con el nido. Era un agujero a cinco metros de la línea más alta de marea y el aguaje que se avecinaba podría destruirlo por lo que decidieron reubicarlo  al doble de distancia.
Había 81 huevos fértiles (redondos y blancos como una pelota de ping pong), 32 infértiles y 8 quebrados.

Eduardo Espinoza, responsable de monitoreo de ecosistemas marinos del Parque Nacional Galápagos, quien se sumó a los técnicos manabitas, cuenta que tiene 20 años en conservación de tortugas pero jamás había encontrado algo así: un anidamiento confirmado de laúd, la tortuga marina más grande del mundo, que podía ser protegido y monitoreado.

Gonzalo Cortez, coordinador zonal del MAE, confirmó que de eclosionar los huevos con éxito será el primer evento de este tipo en Ecuador que está registrado y documentado.
Cristhian Intriago toma una libreta y anota la temperatura y la humedad que un equipo digital instalado en el nido marca. Hace lo mismo cada tres horas. Él, al igual que su padre y muchas de las 35 familias de Puerto Cabuyal, se dedica a la pesca artesanal.
Ahora se suma a una tarea diferente pero que le apasiona: es uno de los voluntarios en el campamento que desde hace 14 días instalaron técnicos y colaboradores para esperar (y proteger) el nacimiento de las tortugas.

Al nido le hicieron un cerco, le colocaron una malla, reforzaron con zanjas y sacos de arena el perímetro. En el día dan educación ambiental a los niños de la comuna y en las noches se turnan en guardias. Eduardo muestra una pequeña balanza con la que esperan pesar a los neonatos cuando salgan y emprendan su camino hacia el mar.
Octavio Valencia, presidente de la comunidad, se emociona con los visitantes. Piensa que ese tipo de hallazgos pueden atraer turistas y generar nuevos ingresos, pero no sabe bien cómo.

Tampoco los técnicos saben mucho cuándo exactamente nacerán las tortugas ya que no hay registros en el país. Con estudios en otras regiones se sabe que nacen entre los 54 y 68 días. Hoy es el día 62 y la espera sigue.

El Diario, 3 de abril de 2015.

Nota realizada para El Diario y Manavisión con video y fotos de Alberto Zambrano.

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