Las colinas se pintan de amarillo

El florecimiento de guayacanes alegra la vista y el paisaje en la costa ecuatoriana en la provincia de Manabí. Reportaje realizado para Manavisión y para El Diario.

Esperanza Vera se emocionó tanto que le pidió a su hija que le sacara una foto a la colina ubicada frente su comedor, Picantería Jennifer.
Mientras corta las cebollas y revisa el contenido de las grandes ollas, Esperanza cuenta cómo se maravilló. Desde el local que tiene hace quince años en el Mercado de San Vicente asiste en primera fila al florecimiento de guayacanes que se registra en ese y otros cantones manabitas.
“Yo con lo que me asombro es que son como un palo pelado, sin hojas, y aún así florece”, comenta a su lado su esposo Vicente Peña mientras atiende a los comensales. Ambos coinciden en que aunque el florecimiento se da todos los años en invierno nunca habían visto algo así.
Desde carreteras manabitas como la Chone-San Vicente-Canoa-Jama y otras como San Clemente-Bahía de Caráquez, se puede ver las colinas parchadas con el amarillo intenso de la flor del guayacán.
En los recién florecidos el color es casi fosforescente, en los que ya tienen entre cinco y ocho días los pétalos han adquirido un color ocre. Movidos por el viento caen inexorablemente y alfombran el suelo de amarillo.
Marcelo Quiroz, agricultor del sitio Los Horconcitos, cerca del límite entre Chone y San Vicente, cuenta que siempre han identificado el florecimiento como señal de lluvias.
“Esto pasa pero en invierno, por enero o febrero, no ahora”, cuenta mientras mira cerca de las dos hectáreas de maíz que cosechó un árbol que parece incendiado de un radiante color.
Allí cerca, en Barquero sector 2, Narcisa Zambrano cuenta que temen que se adelanten las lluvias y se perjudiquen los cultivos de verano.
Lo mismo opina Silvia Muñoz. Mira con recelo a los guayacanes. Le gustan. Confiesa que se ven bonitos pero sabe lo que significa. “Se viene el agua”, cuenta y agrega que en la comunidad donde vive, Cabecera de Barquero, a una hora desde la vía San Antonio-San Vicente, ya han tenido problemas para que ingresen los carros tras pocas lluvias.
En el Municipio de San Vicente, Darwin García, el técnico responsable de la Unidad de Gestión de Riesgos, confirma la vulnerabilidad. “Ya nos estamos preparando, gran parte del cantón es propenso a deslizamientos por el tipo de suelo y la erosión en las colinas” advierte.
Ramón Cedeño puso una foto en su Facebook que decía. “Aquí, trabajando en la oficina”. Se mostraba él y su portátil, en un terraza y con un paisaje que explotaba de color amarillo por los guayacanes recién florecidos. “Tuve un montón de likes”, bromea mientras muestra la vista privilegiada que tienen en la residencia de la organización a la que pertenece, Reserva Natural Punta La Gorda.
En una de las colinas que rodean a Bahía de Caráquez este colectivo cuida desde hace 10 años 52 hectáreas de bosque seco. Además desarrollan un intenso programa de voluntariado con extranjeros y campañas de reforestación, educación ambiental y más causas ecológicas.
“Este privilegio es único y tenemos que protegerlo”, señala Ramón y explica que el guayacán no sólo es un atractivo paisajístico sino que cumple funciones importantes en el ecosistema.
“Ayuda a combatir la erosión con sus raíces, provee néctar para especies como colibríes y abejas, es refugio para muchos tipos de aves, purifica el aire, fomenta el aprovechamiento sustentable de la miel”, reseña.
Este activista resalta que es prioritario que estas zonas de bosque seco, que tienen especies forestales en peligro de extinción como el guayacán, deben ser protegidas jamás urbanizadas.
En San Vicente, la directora municipal Eura Zambrano, destacó que los guayacanes ofrecen un complemento ideal para el turismo comunitario que promueven. “Nosotros estamos potenciando esto, que los recursos naturales se puedan aprovechar de forma sustentable y en beneficio de las comunidades.
Actualmente los guayacanes ya atrapan a quienes circulan las vías cuyas colinas se pueblan de este florecimiento. “Yo tuve que parar mi carro y tomar una foto” confiesa Sara Sánchez, una visitante quiteña que recorría la vía a San Vicente. De inmediato la subió al Facebook. “¡Fue la sensación!”, dijo entusiasmada.

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