36 años de historia desaparecerán con 16 kilos de explosivos

Su construcción duró cinco años. El último tramo de su demolición, cuando se desplome tras la detonación, tomará apenas tres segundos. El corazón comercial de  Portoviejo, convertido en “zona cero” tras el terremoto del 16 de abril, verá caer los restos de su edificio más icónico: el Centro Comercial Municipal (CCM).

Las lastimadas estructuras que quedaron en pie serán finalmente convertidas en escombros cuando se ejecute su demolición con explosivos anunciada para este jueves. Ese día, según lo explicó el representante del proceso de reconstrucción del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP), Marcel Guillem, se realizará esta, que es la primera detonación de tres grandes estructuras en Portoviejo. Esperan su turno la siguiente semana el Centro Médico del Pacífico y el edificio Álava.
Como si se tratara de los procedimientos prequirúrgicos, las maquinarias han adelantado su trabajo. Desde el pasado lunes  han derrocado todas las estructuras de menor altura del CCM y han aligerado el peso del gran bloque que derribará la detonación. “Estamos quitando todas las cargas. Techos, paredes, y todo lo que se pueda acceder con maquinarias, a fin de dejar todo listo”, explicó Guillem al señalar que la intervención es planificada en detalle.
Montañas de hierro, enredados como una madeja de lana; cúmulos de hormigón triturado; deformados retazos de techos y cubiertas; toneladas de escombros y más se han  acumulando en los alrededores de lo que un día fue la zona de mayor actividad comercial de la urbe. Toda el área circundante se ha ido preparando para la explosión que en menos de un parpadeo, específicamente 125 milisegundos,  quebrará el tramo inferior de las columnas del gran edificio.

“Es como cuando se tala un árbol. El corte se hace de un lado para hacer que caiga justamente hacia allá”, ejemplifica Juan Ruiz, técnico de Tragsa, la compañía a cargo del proceso.
Señala que justamente las cargas de explosivos serán las que guíen el desplome: en la planta baja del edificio, en las columnas ubicadas hacia la calle Chile, se colocarán explosivos de mayor capacidad, mientras que hacia la calle Ricaurte la detonación será menor. En todas las columnas se colocará un revestimiento de malla y geotextil, que evitará que las esquirlas salgan proyectadas con la onda expansiva.
Se calcula, explica el técnico, que luego que se pulse el botón que dispare los cartuchos pasarán máximo tres segundos para que caiga la edificación. En la parte alta de un par de columnas ubicadas hacia la calle Ricaurte se colocarán unos potentes amarres de acero para garantizar la caída de estas estructuras con el resto del  bloque. “Como están hacia atrás queremos garantizar que se proyecten al frente con el resto de la estructura. Lo peor que podría pasar es que se queden en pie”, explicó el técnico, que calificó la intervención como una de mediana complejidad. En su caso particular explica que ya ha tenido experiencia detonando edificaciones de más de 20 pisos en grandes metrópolis como París. “Acá es más fácil porque por la situación actual la zona no tiene gente ni actividades. Todo esto es mucho más difícil cuando lo haces en zonas habitadas”, señaló.
Ruiz explicó que la persona más cercana al edificio será quien lance la detonación y se ubicará a unos 50 metros. Más lejos, a 200 metros a la redonda se establecerá un estricto perímetro de seguridad. Además casi toda la cuadra será reforzada por muros de tierra y escombros que llegarán a unos cuatro metros de alto y ocho de ancho, los que formarán una “U” en las calles Pedro Gual, Chile y 9 de Octubre. Será como una barrera de contención que rodeará la zona donde caerá la estructura de nueve pisos.

Son 16 kilogramos de explosivos en gel, colocados en catorce columnas, que en menos de tres segundos harán caer un inmueble con más de tres décadas de historia. Los archivos revelan que las obras de la edificación iniciaron en 1975, durante la administración de Carlos Emilio Solórzano. Por la cantidad de 31’133.200 de sucres (equivalentes a 1.245 dólares) se la encargó a la Empresa Técnica de Ingeniería y Construcciones (Ética). Finalmente cinco años después, en 1980, en la Alcaldía de Vicente Mendoza se inaugura la edificación. Fue en su momento el más grande de los edificios que había en esa época en la capital manabita, y lo siguió siendo ocupando toda una cuadra en un área estratégica.
El historiador Ramiro Molina señala que este edificio simbolizó junto a otras estructuras una época que marcó un cambio en la capital manabita. Señala que el antiguo mercado que ahí existía, debido a sus precarias estructuras y la venta de productos orgánicos, se había convertido en un foco infeccioso que ponía en peligro la salubridad. Por ello, recuerda, hubo disposiciones para cerrar allí este tipo de expendio. Es así como al proyectarse el CCM se marcó un cambio en la ciudad, se apuntaló con el tiempo con otros inmuebles públicos estratégicos.
“El Centro Comercial, junto al Palacio Municipal y la terminal terrestre, fueron las tres edificaciones emblemáticas que en esas décadas significaron un cambio en la ciudad. Permitieron el salto hacia un desarrollo urbanístico mayor”, resalta. “Ese espacio ha sido siempre un lugar donde convergen todo tipo de actividades, de alguna forma era un paso obligatorio”, dijo Molina, al resaltar que junto al parque Vicente Amador Flor el CCM se pueden considerar de los espacios públicos más importantes y alrededor de los cuales ha girado históricamente la vida de los portovejenses.

Tras la demolición, en la zona se proyecta posiblemente una gran plaza pública. Anuncios municipales, de la mano de los estudios urbanísticos que se hacen en el marco de la reconstrucción, han señalado que esa cuadra es apropiada para una gran área abierta para el encuentro ciudadano. Mientras la iniciativa se defina, por lo pronto quedarán desde esta semana las ruinas de una edificación que marcó más de 30 años la historia de la ciudad. Quedará, luego del estruendo de la detonación de sus últimos pilares, un profundo y largo silencio.

Publicado en El Diario, el domingo 24 de julio de 2016.

Ver impreso.

ccm ed

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