Nostalgia en vinilo

El hombre entró al bar y pidió de inmediato un bolero melancólico y cadencioso: “Un minuto apenas” de Miltiño. Bosco está acostumbrado a eso, sabe que no todos llegan por un trago. Recorre la estantería y apunta directo hacia el cartón amarillo y plano que guarda el disco de 1967 del cantante brasileño. Lo pone a girar en el plato y el sonido pedregoso pero nítido del vinilo llena el ámbito.

“Yo quisiera tener un minuto / para pensar en la vida / que llevo desde cuando tu risa / me dio este amor que mi pecho guardó”, resuena mientras el visitante se sirve a sorbos sus recuerdos.

“Todos tenemos nuestras tristezas, nuestras canciones”, sentencia Bosco Segundo Mera Vera mientras pasa una franela al siguiente longplay que pondrá en el tocadiscos. Aunque pareciera atender un bar de 53 años de historia, en realidad su oficio se ocupa de fibras más profundas: adereza la memoria con música, sirve canciones.

“Calonga”, como lo apodaron en honor a un jugador de Emelec de los 60’s, es el heredero de un negocio familiar que iniciaron sus padres por 1964 y siguieron sus hermanos. Ahora él lo capitanea acorazado por las repisas que guardan el ícono del bar “Yo soy el Son Cubano”: más de diez mil discos de vinilo.

Bosco hace el tour por ese anaquel/tesoro que es para el melómano lo que la juguetería para un niño. Lo recorre orgulloso sacando una que otra perla de colección: “Acá es salsa pero antillana, aquí cumbia, esto merengue, todos estos son cumbia. De aquí hasta aquí es bolero. Eso es música social y protesta. Aquí van trios …”.

Hace una pausa, detiene en el aire la mano que recorre los discos, y pisa conscientemente una trampa de la nostalgia: “Esta es la sección de César Maquilón -dice con gravedad señalando un bloque de LPs-, él pedía de todo, sabía mucho de música, pero esta era su parte favorita: Daniel Santos”.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Retoma el papel y sigue su letanía musical: El LP de Monna Bell del 62, Invitación al romance de Lucho Gatica, Los sones de Guillermo Portabales y Los Guaracheros de Oriente, el disco de 33 revoluciones de Daniel Santos y Mirta Silva. Baladistas, valses peruanos, Julio Jaramillo y un extenso repertorio ecuatoriano, y hasta el Imagine de John Lennon anidan en las perchas del tiempo y el sonido.

Debía ser 1976 cuando llegó uno de los tantos que han intentado poner a prueba el repertorio de los Mera Vera. Manuel Cedeño, quien lleva más de media vida como cliente fijo y amigo de la familia, recuerda que llegó un señor colombiano y pidió un raro disco del que se sabía poco. Nombró un álbum de Tony del Mar y el dependiente logró ubicarlo en la percha: “Ahora sí es verdad, lo tienen todo”, concluyó el extranjero.

Bosco no afirma tanto pero sí reconoce que ha sido muy rara la vez cuando no han podido cumplir el deseo musical de un cliente. “Aquí la gente viene por eso, porque saben que aquí encontrarán la música que necesita”, cuenta sin ocultar su satisfacción.

Él sabe que no es solo diversión, es algo más vital. Lo resume, como en un verso que parece sacado de otro bolero melancólico y cadencioso: “Sin música se muere el alma”.

Nota publicada originalmente en El Diario, en la edición del domingo 26 de febrero de 2017.

El Diario

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s