Renacer, 90 años después

Después de 90 años el terreno está otra vez baldío. Y lo que se haga allí puede definir (de nuevo) al centro de Portoviejo, el corazón de la capital manabita.
La tragedia llegó fulminante, golpeó el punto vital de la urbe, emblemáticos edificios desaparecieron y otros quedaron gravemente afectados. No sólo fue en 2016. Pasó antes, en 1925. Un voraz incendio consumió lo que eran entonces las manzanas neurálgicas de la ciudad, las formadas por calles como Colón, Bolívar, Sucre y Morales.
“Ahí estaban las grandes instituciones: Municipio, Bomberos; más allá el Parque Central, antes la Plaza de Armas. Y en una esquina, el Mercado, justo frente al río por donde llegaba en balsas la cosecha”, recuerda el historiador Ramiro Molina mientras dibuja en un papel las cuadras afectadas.
Explica que con la desgracia se planeó la reconstrucción y nació el debate. Documentos de la época muestran que intensas discusiones de autoridades e intereses por la futura plusvalía definieron que el incendiado mercado fuera reemplazado por dos nuevas estructuras: un centro de abastos pequeño en parte del terreno que ahora ocupa el Palacio Municipal; y el gran Mercado Norte ubicado prácticamente en las afueras, en un predio delimitado por las calles Pedro Gual, Chile, 9 de Octubre y Ricaurte.
“Antes de 1925 eran los extramuros. Basurales llenos de árboles de moyuya. La ciudad apenas iba desde el río hasta la calle 10 de Agosto”, observa el historiador.

Es a partir de su nacimiento como Mercado Norte, alrededor de 1928 (casi 90 años atrás), que la zona empieza a consolidarse y atraer el movimiento económico. Fotos del siglo pasado dan fe de la imponente construcción que redefinió a la capital. Grandes columnas de madera soportando largas tejas, una amplia ramada ocupando toda una cuadra. Alrededor la multitud de peatones, el vaivén de comerciantes ambulantes. Gente, caballos, pocos vehículos entremezclados en un hervidero sobre la Pedro Gual.
“Gracias a este mercado es que se consolidan los negocios alrededor”, señala Molina, quien explica que la historia tiene un nuevo giro cuando autoridades de salud, alrededor de 1975, denuncian la insalubridad del mercado que es finalmente cerrado y mudado a la calle Alajuela.

Durante casi medio siglo el Mercado Norte marcó el pulso de la bullente ciudad, pero en los 70 da paso a un proyecto inédito: un gran Centro Comercial Municipal (CCM). Troncos, madera y techo de teja son reemplazados por enormes columnas de hormigón que sostenían nueve losas. La constructora ÉTICA levantó entre 1975 y 1980 lo que sería el edificio más grande de la ciudad. Costó 31’133.200 sucres, hoy 1.245 dólares.
Con los años, tanto creció el comercio alrededor que un agente inmobiliario identifica en la zona los mayores precios por metro cuadrado, casi dos mil dólares. Se multiplicó el hervidero de compradores y vendedores que pululaban en torno a esta manzana crítica. Y con ello también desorden, caos vehicular y estrangulados espacios públicos. A pesar de su influencia el CCM no fue aprovechado. Hace poco más de un año permanecía utilizado solo en sus primeras plantas, el resto en el abandono.
La estocada la da el terremoto del 16 de abril del 2016, que derribó partes de esta simbólica edificación y dejó irrecuperable su estructura. El 29 de julio, en tres segundos, 16 kilogramos de explosivos derribaron lo que quedaba. 36 años duró su historia.

El Municipio, asesorado por planificadores internacionales, proyecta en el lugar una gran plaza pública, un espacio moderno y amplio que sirva como punto de encuentro alrededor del cual gire la actividad económica. Gustavo González, urbanista líder del Plan Ciudad, explica que se busca promover un espacio público que estimule más condiciones para que la gente retorne a las calles, para dinamizar el comercio.
“No nos oponemos, pero creemos que no debe ser solo una plaza sino también áreas de comercio. Necesitamos que sea un imán que atraiga a los compradores considerando lo devastado que quedó el centro”, matiza Alba González, presidenta de la Cámara de Comercio, insistiendo en que el uso del predio incluya locales. Tres reuniones ha mantenido este gremio con el Gobierno local para debatir el proyecto.
Mientras se lo define, después de 90 años el terreno está otra vez baldío. Y lo que se haga allí puede definir (de nuevo) al centro de Portoviejo, el corazón de la capital manabita.

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Fotos archivo de Ramiro Molina.

Nota publicada en El Diario, en la edición del lunes 1 de mayo de 2017.

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